Redacción Emisario

En su espacio para el medio Eje Central, el periodista Pablo Reinha denunció lo que llama la mafia de la Condesa, en referencia a la colonia de la Ciudad de México, la cual comienza cuando al menos dos cuadras de División del Norte, casi esquina con Insurgentes sea cercan a tocar la ventna del auto para, suponemos, una oferta de servicios sexuales, pero no es así: “Es el primer movimiento de una operación calculada, cínica y peligrosa en una de las avenidas más transitadas de la Ciudad de México, a la vista de todos y bajo la mirada indiferente de todos”.

El periodista señala que pese a la negativa, las personas intentan ingresar a la fuerza al vehículo y cuando lo logran la cosa se pone peor: “La trabajadora sexual exige que se contraten sus servicios y convierte el interior del vehículo en un escenario de negociación interminable. El conductor pide que salga; ella (¿o él?) pone condiciones: ‘me bajo un poco más adelante’. El riesgo es evidente. Tener a una persona extraña, que entró sin autorización al auto, avanzar y enfrentar puede terminar en calumnia y el chantaje: ‘él me pidió que me subiera y luego se enojó’, o peor aún, la acusación: ‘se la llevaron contra su voluntad’”.

Ante la negativa de bajar del vehiculo, el conductor advierte que llamará a la policía mientras decenas de trabajadoras sexuales observan la escena desde la banqueta y un poco más lejos un par de hombres que, a la distancia, “verifican” el negocio. Finalmente dice Reinah, “la persona abandona el vehículo… pero se lleva un botín: el teléfono celular con recuerdos, contactos, datos bancarios, aplicaciones, fotografías, todo”.

Al día siguiente viene la segunda fase de la estafa: “una llamada a la misma línea que, tras el lento trámite con la compañía telefónica, ha sido recuperada y ha bloqueado el dispositivo robado. La llamada es de una supuesta tienda donde se venden teléfonos y tabletas, argumentando que alguien está intentado desbloquear un celular pero no atina a dar los datos correctos. El gancho es perfecto: nosotros le ayudamos a recuperarlo, solo ingrese a la página que le indicaremos y proporcione la información necesaria. Si la víctima se niega, advierten que devolverán el aparato a quien asegura ser su dueño, no sin antes reiterar que están ‘tratando de ayudar y apoyar’ cuando en realidad forman parte de la misma red”.

Y la situación sigue: “Dos días después, los mensajes de amenaza llegan vía WhatsApp. Se dirigen a la víctima por su nombre. Afirman ser miembros de la Unión Tepito y exigen con insultos que deslinde la cuenta personal del dispositivo ‘para que puedan utilizarlo en sus actividades’. Así, sin más, sin disimulos. Así de cínicos. Al no recibir respuesta, el tono escala. La amenaza se vuelve más directa, más intimidatoria”.

Señala al final el autor del texto: “Esto no es un incidente aislado. Es una de las muchas situaciones que ocurren a los ojos de todos y al amparo de nadie. Ciudadanos con derechos que circulan por calles y avenidas son convertidos en presas fáciles de una mafia que actúa con total descaro. No se trata de moralismos sobre el trabajo sexual. Se trata de robo, de violencia, de extorsión y de la absoluta ausencia de autoridad”.

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